Fiordos noruegos

El verano, con sus cálidas luces, intensifica la belleza de los fiordos noruegos, uno de los paisajes más espectaculares del planeta. La emoción del encuentro con esta confluencia de aguas marinas, montañas y glaciares empieza en Oslo, la capital noruega, en el momento en que uno decide si viaja en tren hasta Bergen –base de las rutas por los fiordos– o si vuela directamente a Stavanger para continuar luego hacia el norte por carretera o en barco.

En cualquier caso, el fiordo de Lyse es el primero de los que deberían visitarse. Cada día salen barcos del puerto de Stavanger que navegan por las aguas del Lyse como si recorrieran un museo dedicado a la obra maestra de la naturaleza. Su emblema es el Preikestolen, El Púlpito, un mirador elevado a más de 600 metros al que se llega tras dos horas de subida a pie. Desde la plataforma rocosa, sin barandillas, se contempla a vista de pájaro la ancha vena de agua marina que penetra 42 kilómetros en tierra, entre paredes rocosas que alcanzan los mil metros de altura.

El Púlpito no es el único atractivo de este fiordo, también lo son el largo arenal de Solastranden, la cascada de Månafossen, con 92 metros de caída, y los restos de la granja Mån, de origen medieval. La propia ciudad de Stavanger tiene un puerto de gran actividad, una catedral del siglo XIII y un casco viejo con mucho encanto que conserva casas de madera del siglo XVI.

El bordado de hilos de agua que dibujan los fiordos entre las altas montañas se prolonga hacia el norte por un territorio salvaje y con escasa presencia humana. El verdor del verano contrasta con el blanco de los glaciares y las aguas oscuras de fiordos como el Hardanger, que se adentra 179 kilómetros entre islas que flotan en el reflejo del cielo azul. Los vikingos que poblaron estas tierras hace mil años aprendieron a navegar en el laberinto acuático donde ahora se encuentra Bergen. Ciudad abrigada entre montañas, es la puerta de acceso al Sognefjord, considerado el fiordo más largo, profundo y bonito de Noruega, pues uno de sus brazos, el Aurland, atesora los paisajes naturales más intactos de la costa escandinava.

El puerto medieval de Bergen

Los edificios de madera del barrio de Bryggen, pintados de vivos colores, recuerdan que en el siglo XIII Bergen fue capital del país y sede de la Liga Hanseática, que distribuía bacalao y arenques en salazón al resto de Europa. Ese barrio es hoy Patrimonio de la Humanidad de una ciudad alegre, muy vital en su plaza Torgalmenningen y en el mercado de pescado al aire libre. En verano, las terrazas se llenan de gente que disfruta del sol y la cerveza. Desde el centro, el funicular Fløibanen sube hasta un mirador a 320 metros de altura que ofrece una panorámica del puerto de Bergen, incrustado en un circo de siete fiordos. Sus muelles son la base de los barcos Hurtigruten, que recorren todo el año el litoral noruego hasta el Cabo Norte.

Es hora de navegar por el Sognefjord (fiordo de los Sueños), uno de los momentos más sublimes del viaje. Este brazo de mar penetra más de 200 kilómetros tierra adentro y se divide en dos ramales considerados entre los paisajes más bellos del planeta: el fiordo de Aurland y el de Naeroy, declarado Patrimonio de la Humanidad. El itinerario ineludible lleva por carretera al puerto de Gudvangen para tomar el barco que, navegando entre paredes de 1.200 metros de altura por las que caen cascadas, alcanza el pequeño pueblo de Flåm. La zona está sembrada de granjas e iglesias de madera, como la de Hopperstad (1130), en el municipio de Vik.

Ubicado en el fondo del fiordo de Aurland, Flåm es el punto de destino de uno de los recorridos en tren más empinados de Europa, el que desciende desde Myrdal salvando 865 metros de desnivel en 20 kilómetros. El trayecto en el tren de Flåm demuestra que el esplendor de los fiordos noruegos se disfruta desde todos los puntos de vista: en barco, en coche, en tren, en bicicleta y también a pie a través de senderos bien señalizados. Quienes prefieran actividades más excitantes, la localidad de Voss, al este de Bergen, ofrece vuelos en parapente, kayak y barranquismo.

Cascadas de cuento

Unos 350 kilómetros al norte de Bergen se encuentra la ciudad de Ålesund. Es un destacado puerto pesquero levantado sobre siete islas desde el que se alcanza el Geirangerfjord. Este espectacular fiordo fue incluido en la lista del Patrimonio Mundial gracias a su combinación de desfiladeros y granjas diseminadas por prados de un verde brillante. El transbordador que enlaza las poblaciones de Geiranger, Hellesylt y Valdall regala una vista de tres cascadas con nombres de cuento: El velo nupcial (Brudesløret), con 320 metros, es la más alta; Las siete hermanas (De syv søstrene), compuesta por siete torrentes; y El pretendiente (Friaren), con forma de botella, pues se dice que el joven que festejaba a las siete hermanas, al ser rechazado por todas, se dio a la bebida. Otra manera de admirar el fiordo es conduciendo por la carretera del Águila (Ørnevegen), que alcanza los miradores Dalsnibba y Flydalsjuvet, ubicados a 1.500 metros de altura.

Ålesund aporta la nota urbana y artística al viaje. Tras el incendio que arrasó la ciudad en 1904, el jugendstil, el estilo arquitectónico de moda en Europa, fue el elegido para reconstruir sus avenidas. De ahí la profusión de fachadas llenas de elementos modernistas que aluden a la historia medieval noruega.

Antes de volar de nuevo hacia Oslo, habría que pasear por los alrededores de Ålesund para contemplar los fiordos en todo su apogeo estival, cuando el sol parece haber firmado una alianza con el turquesa del agua, el azul celeste y el verde brillante de los campos y bosques.

Fuente:www.nationalgeographic.com

Close Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *